domingo, 16 de mayo de 2010

Perseo

Justificar a ambos lados
El rey Acrisio estaba muy preocupado. Por más que se había esforzado, su reina no le daba un hijo varón para continuar su estirpe. La única descendencia que tenía era su bella hija, Danaé. Así que el rey de Argos se dirigió al Oráculo.

Pero el Oráculo jamás responde una pregunta sin enigma, da una respuesta pero suscita muchas más preguntas. Acrisio preguntó acerca de tener un hijo varón. El Oráculo le respondió que habría un niño, pero que no sería hijo suyo, sino de su hija, Danaé. Este niño estaría destinado a matarlo un día.

El rey, aterrorizado, mandó encerrar a su hija en una torre. Nadie podría verla y así, no podría embarazarse ni tener al hijo al que tanto temía. Danaé vivía en una obscuridad casi completa, a excepción de la brillante luz del sol que entraba por una ventana de la mazmorra.

Lo que el rey Acrisio no sabía, era que Zeus había estado viendo la bella y amable figura de su hija, mirando a través de su ventana. Así, que se convirtió en la luz más brillante, de oro solar, bañando a la princesa en un halo de irradiante luz. Danaé quedó encinta del rey de los dioses. Algún tiempo después nació Perseo. El silencio que reinaba en el palacio desde la prisión de Danaé se rompió y comenzaron a oírse risas y alegría.

El rey apresurado subió a la torre a ver que sucedía. Grande fue su sorpresa al ver a su hija y al que era su nieto. Acrisio sabía que no podía matar él mismo a Perseo, pues podría traer para sí la ira de Zeus, así que decidió encerrar a Danaé y su hijo en un sarcófago, arrojándolo posteriormente al mar, esperando que las olas los arrastraran hacía la muerte.

Pero Zeus tenía un destino diferente para ambos. Un pescador, llamado Dictis, encontró el sarcófago y rescató de su interior a Danaé y Perseo. Desde entonces, madre e hijo vivieron una existencia humilde como pescadores en Serifos. Pero la bella Danaé atrajo las miradas de Polidectes, el gobernante de la isla, que deseoso de poseerla, vio al joven Perseo como un obstáculo.

Así que decidió pedirle al joven un regalo de bodas supuestamente de su casamiento con Hipodamia, que era una cortina de humo. Sabiendo que no tendría con que pagar el presente, Perseo ofreció en su lugar la cabeza de Medusa, la gorgona. Ésta vivía junto con sus hermanas lejos, en un lugar desconocido de donde nadie había regresado nunca.

Las gorgonas eran seres monstruosos, mujeres con aliento fétido como la muerte, alas de bronce y una cabellera de serpientes. Esteno y Euriale, eran inmortales al haber sido concebidas por Forcis y Ceto, monstruosas deidades de la profunda obscuridad del océano. Medusa era la única mortal, ya que había sido una sacerdotisa castigada por Atenea, por profanar su templo al haber yacido junto a Posedón, el rey de los mares, dentro de él. Los largos y hermosos cabellos de Medusa se convirtieron en serpientes y Atenea se aseguró de que ningún hombre volviera a mirarla, dándole una vista que transformaba a cualquiera que la viera en piedra. Grandes guerreros, reyes y príncipes, ejércitos enteros intentaron matarla, pero en vano.

Polidectes creyó haber triunfado en su intento por comprometerse con Danaé, ya que su hijo emprendería un viaje suicida del que pensó que no regresaría. Pero Perseo no estaba solo. Zeus cuidaba bien de su hijo, y mandó a Hermes, el mensajero de los dioses y a Atenea, la diosa de la sabiduría, a auxiliarle.

Ambos le dieron regalos para poder completar la gran hazaña que estaba dispuesto a hacer: una poderosa hoz para cortar la cabeza de la gorgona, un brillante escudo y un par de sandalias aladas. La divinidad del ingenio y la del conocimiento le aconsejaron a viajar al Inframundo, para preguntar a las grayas, hermanas de Medusa, donde podría encontrarle.

Perseo partió al Inframundo. Gracias a las sandalias aladas que le había proporcionado Hermes, pudo pasar sin problemas por sobre el río Esitigia y llegar a donde estaban las grayas. Éstas eran tres brujas ciegas, hermanas de las gorgonas. Sólo veían gracias a un único ojo que compartían entre ellas y que les daba el don de la clarividencia. Eran despiadadas y crueles.

Perseo pudo astutamente robarles el ojo a las tres brujas, que, indefensas, cedieron a decirle donde encontrar a sus hermanas. Además de darle el consejo de acudir con las ninfas del Estigia, hijas de Hades, que podrían ayudarlo aún más. El héroe les devolvió su ojo, ante lo cual, las grayas lo maldijeron con morir al enfrentarse a sus hermanas, previniéndolas con una voz poderosa que las gorgonas escucharon a distancia.

Perseo partió a ver a las ninfas del Estigia, bellas deidades hijas de Hades y Perséfone. El rey del inframundo sabía bien que su sobrino iba en la peligrosa travesía y le prestó su propiedad más valiosa, el casco de invisibilidad que habían forjado los cíclopes para vencer a los Titanes en la edad antigua. Las ninfas le dieron la reliquia con la promesa de regresarla una vez terminada la tarea.

El héroe llegó al Erebo, la región más obscura del Inframundo, donde habitaban las gorgonas. Ellas sabían que él iria trás Medusa, y podían olfatear su carne, mitad humana y mitad divina. El lugar donde residían estaba plagado de estatuas, anteriormente hombres, que al ir en la búsqueda de la gorgona habían perecido al ver su mirada y quedar convertidos en piedra.

Medusa, Esteno y Euriale buscaron a tientas a Perseo, invisible gracias al casco de Hades. Él no podía mirar directamente a Medusa porque si no moriría transformado en piedra, asi que observó a través del brillante escudo otorgado por Atenea. La gorgona lo invitaba a mirarla, a acercarse más. Pero entonces, de un tajo, Perseo cortó la cabeza de Medusa, guardándola en un saco y acto seguido escapó del lugar. Esteno y Euriale, las inmortales, quedaron impasibles ante la muerte de su hermana.

Perseo devolvió el casco de invisibilidad a Hades, pero conservó las sandalias aladas, la hoz y el escudo que le habían regalado sus medios hermanos, Atenea y Hermes. Y se dirigió de regreso a casa, pero en el transcurso vio al titán Atlas, fatigado por su eterna carga de soportar el peso de los cielos. Sintió pena por él y le mostró la cabeza de Medusa, convirtiéndolo en piedra y transformándolo en el monte Atlas, liberándolo de su castigo.

Retomó su camino, pero se topó esta vez con el amor de su vida, Andrómeda, la princesa de Etiopía, que había sido encadenada a una roca en el mar para ser devorada por Ceto, una monstruosa y antigua deidad de las tenebrosas profundidades del mar. Su madre Casiopea, aseguró que su hija era más bella que las hijas de Poseidón, ante lo cual, el dios, furioso por la insolencia, mandó a Ceto a destruir la ciudad y sus habitantes o a recibir, a cambio, a la princesa etiope.

Perseo, enamorado de Andrómeda, la liberó de sus cadenas y luchó contra Ceto. La monstruosa deidad fue herida por la hoz mágica de Perseo, que volaba audazmente entre sus garras. Pero al ser una deidad era inmortal, por lo que finalmente fue derrotada al mirar la cabeza de Medusa, que el héroe le mostró, instantaneamente convirtiéndola en un gran coral.

Andrómeda contrajó nupcias felizmente con Perseo, pero en la boda apareció el que se supone era su prometido anterior, Agenor, junto a un pequeño ejército de soldados suyos. Todos lucharon contra Perseo, que venció a varios. Pero el pleito era bastante desigual, así que sacó la cabeza de Medusa y convirtió en piedra a sus enemigos.

Perseo viajó a Serifos junto a su amada esposa. Llegó al palacio del rey Polidectes, que había continuado acosando a su madre, que se había refugiado en un templo cercano junto a Dictis, el pescador hermano del rey. El joven héroe entró al salón de la corte aseverando que había traído la cabeza de Medusa. El rey se burló de él junto con su corte, todos incrédulos de tal milagro. Perseo sacó la cabeza y convirtió a todos en piedra.

Dictis y Danaé contrajeron matrimonio y gobernaron Serifos como buenos reyes. Perseo regresó a Argos para buscar a su abuelo y perdonarlo por sus acciones. Pero el rey huyó lejos. El héroe lo siguió, pero en Larisa se efectuaban unos juegos en los que participó. En el lanzamiento de disco, Perseo lo lanzó con tal fuerza que salió fuera de la vista y recorrió el mundo, golpeando a Acrisio en donde sea que estuviera y matándolo, cumpliéndose la profecía del oráculo.

Perseo no quiso gobernar Argos, la tierra que le pertenecía por derecho y la cedió, fundando una nueva ciudad, Micenas, donde viviria junto a Andrómeda que le daría siete hijos y junto a la que viviría feliz por el resto de su vida mortal, pero Zeus le hizo un último regalo: recompensó a Perseo con la inmortalidad y una existencia en el cielo junto a su amada Andrómeda.

La historia de Perseo puede verse simplemente como una bella y fantástica narración o como un medio para contarnos grandes verdades encerradas en símbolos. El mito nos ofrece varios niveles simbólicos que van dándonos mensajes diferentes, esto gracias a la multidiscursividad del mito.


El mito de Perseo es muy antiguo, sitúandose en una época cuando las viejas deidades del universo continuaban co-rigiendo el cosmos, en conflicto con las fuerzas Olímpicas, los nuevos dioses. Hijas de Forcis y Ceto, las gorgonas son deidades monstruosas que revelan el gran poder del océano furioso, que, anteriores a los dioses del Olimpo, no se ponen bajo su tutela. Su comportamiento brutal y su apariencia terrorífica indican que pertenecen a un estadío primitivo anterior a la Grecia clásica, cuando las fuerzas de la naturaleza se veían como espíritus devastadores.

En las religiones y mitologías, es siempre importante el cambio, el paso de las nuevas deidades, en forma, por sobre las antiguas, regenerándose una y otra vez el campo intelectual y espiritual. La lucha contra los titanes había finalizado, pero todavía quedaban varias divinidades conflictivas en el cosmos. Cabe destacar que estas deidades anteriormente tenían aspectos positivos en el viejo Orden del Mundo, pero en el Nuevo resultan obsoletas y hasta destructivas.

Perseo es hijo de la virgen Danaé y Zeus, el rey de los dioses del Olimpo. Su carácter como un dios solar se observa desde el principio, ya que su madre fue encinta por Zeus en forma de luz de oro solar, un brillo cegador que revela el carácter puramente espiritual de la concepción del héroe. Atenea y Hermes son los guardianes y guías de Perseo, destacando entonces la agudeza mental, el ingenio, el conocimiento y gran sabiduría que poseía. Las sandalias aladas simbolizan esta agilidad intelectual, y más que eso, una capacidad para ascender al Cielo, la esfera espiritual.

Las gorgonas en cambio simbolizan las fuerzas destructivas, las tinieblas, el océano furioso, la Tierra, la obscuridad y la muerte. Recordemos que Medusa fue castigada por acostarse con Poseidón dentro del templo de Atenea. Esto representa la lujuria y los bajos instintos por sobre el conocimiento, la sabiduría y la espiritualidad.

Perseo entonces, vence a Medusa, a esa parte bestial y destructiva que todos tenemos dentro. Para esto, él necesita bajar al Inframundo, al mundo inconsciente, la parte más obscura y oculta de nuestra psiquis, donde se alojan los más bajos instintos, deseos reprimidos y miedos más grandes. El casco de invisibilidad de Hades es esa parte etérea y espiritual que no podemos ver y que adquiere el héroe. Las gorgonas, al ser encarnaciones de la materia no son capaces de percibir a Perseo, que es un ser espiritual, sólo pueden buscarlo a tientas con sus sentidos, pero no lo encontrarán porque es algo invisible, etéreo.

La posterior derrota de Ceto, la obscura deidad del mar, madre de las gorgonas, las grayas y una serie de monstruos, representa nuevamente a Perseo como un vencedor sobre las aguas del subconsciente y el inconsciente. Él ya pudo enfrentar a sus demonios e incluso destruir a un titán con el nuevo poder que ha adquirido, la fuerza de sus temores, deseos y pasiones, pero enfocadas hacía la luz, al intelecto y al espíritu.

Perseo libera a Andrómeda que se halla encadenada en una roca en el mar, es decir, atada en el subconsciente y también en la materia, misma que está dispuesta a devorarla. El héroe corta sus cadenas y la lleva consigo, al mundo de las ideas, al reino espiritual que él ya ha alcanzado. Andrómeda simboliza al amor alcanzado finalmente después de las pruebas de autoconocimiento y autorealización.

La mirada de Medusa es esa parte inconmesurable de la divinidad que no todos pueden ver, ya que si lo hacen, es inevitable la muerte. Pero Perseo fue capaz de observarla, no directamente, sino a través del espejo de su escudo, a través de sí mismo, al identificarse con su propio mal, su propia obscuridad, se da cuenta del gran poder que encierra la gorgona, pero también que ese poder es suyo y está dentro de él. Después de la muerte de Medusa, Perseo tiene el poder del monstruo, se ha dado cuenta de su gran fuerza interna, misma que, quien quiera que la vea, sea humano, dios o titán, tendrá el destino de convertirse en piedra.

La historicidad de Perseo es algo que no vale la pena de ponerse en duda o no. La antigüedad del mito hace del héroe alguien equiparable a Moisés, Homero o Valmiki, de quienes no se sabe con seguridad de su existencia histórica. Sin embargo cabe destacar varios aspectos. Uno de ellos es que si es bien cierto que Perseo vence a las antiguas deidades del mar, él mismo está relacionado con el agua.

Es arrojado al mar en un sarcófago, de igual manera en que Osiris es arrojado en un ataúd al Nilo y Moisés es depositado en la canasta en el mismo río sagrado. Aquí es donde Perseo es rescatado por un pescador y a su vez, se hace de oficio pescador. Él es también hijo del océano, y por tanto tiene poder por sobre estas fuerzas marinas.

El pescador está relacionado con el signo de Piscis, el misticismo; y al igual que Jesús de Nazareth, cuyo símbolo era el pez y que entre sus discípulos tiene a varios "pescadores", Perseo sin lugar a dudas era un gran místico y un Christos, un Hijo de Dios. Aquí el término "pescador" no es precisamente quien busca peces, sino quien trata con los hombres para llevarlos al espíritu, que no está fuera de ellos, sino en su interior.

La iniciación de Perseo se observa en el momento en que viaja al Inframundo, cuando sufre la muerte simbólica. Ahí debe robar el "ojo" de las grayas, que es la apertura del tercer ojo, del chakra de la mente para posteriormente abrir el séptimo y último chakra, el del espíritu, que se concreta cuando le es entregado el casco de la invisibilidad, que no es otra cosa que el poder espiritual pleno, lo etéreo que el iniciado aprendió con Hades, el rey del submundo, quien tiene los secretos más allá de la muerte, más allá de la materia, en el reino del Espíritu.

Posteriormente, Perseo prosigue a vencer a sus demonios, a sus titanes destructivos, a Medusa y sus hermanas, así como el Buddha Siddharta vence a Mara y Jesús el Cristo a Lucifer. Aquí el héroe recibe el poder de la segunda prueba, la del demonio interno, que, según la tradición antigua, debe servirle hasta el final. Perseo ha demostrado el poder del espíritu por sobre el de la materia, la vida sobre la muerte, la luz sobre la obscuridad.

Después de esto, Perseo regresa al mundo, resucitado, pues ya ha regresado de la tierra de los muertos, para liberarlo de la ilusión de la aparente realidad del mundo material, para llevarlos al reino espiritual de su padre, Zeus.

Así vemos a un Perseo condolido por la situación de Atlas, al que por medio de su poder, transforma en piedra librándolo del castigo eterno de soportar el cielo. Aquí el titán es la humanidad cargando al mundo espiritual a su espalda sin notar que está dentro de ella misma.

La cabeza de Medusa comparte un rico significado relacionado con otras "cabezas" sagradas, como la de Orfeo, Osiris o Juan el Bautista, estás representan en cierto sentido el Santo Grial, la copa de la inmortalidad, el Baphomet de los Templarios. Este nombre que significa, entre otras cosas, "Cabeza de conocimiento", "Bautismo de inteligencia", "Padre del templo de la luz de todos los hombres", sigue encerrando el sentido del conocimiento, la inteligencia y la espiritualidad por encima del reino físico.

Esta referencia griálica, se observa además en cierto hecho: cuando muere la gorgona, un lado de la sangre que emana de su cabeza es mortalmente venenosa, una gota, y el ser que la toque morirá al instante; pero el otro lado sirve para curar, dar inmortalidad e incluso traer a los difuntos de regreso de la muerte. El Grial es el contenedor de la sangre divina, capaz de hacer inmortal a quien beba de ella. La sangre, puede matar o dar vida a quien la use, pero tiene que saber utilizar su poder o morir en la ignorancia.

Andrómeda también es la humanidad, atada por la vanidad (representada en su madre, Caciopea), atrapada en el mundo del subconsciente, en las aguas del destino, manipuladas por una realidad material y los vicios y la destrucción que vienen a devorarla, simbolizados en Ceto. Pero Perseo logra liberarla del monstruo, mismo que destruye con su fuerza interna, y la lleva cargando, con sus sandalias aladas, hacía el Cielo.

Las posteriores confrontaciones contra el ejército y el prometido de Andrómeda y contra el rey Polidectes representa esa parte materialista, incrédula y viciosa, que no es capaz de ver al creer, sino que necesita pruebas, aún de lo inmanente y lo que no se puede ver.

Pero en su afán de mirar esta divinidad que resulta incognoscible, no pueden resistir la Realidad Última, la Verdad Suprema, y mueren convertidos en piedra por el poder de ésta. Esto tiene relación con la mujer de Lot convertida en estatua de sal al ver la magnificencia de Yahvéh al destruir Sodoma y Gomorra y con Arjuna horrorizado al ver la infinidad de Vishnú manifestado en Krishna.

Finalmente, Perseo y su esposa, Andrómeda, se vuelven inmortales y ascienden al Cielo, al Olimpo y a lo más alto de las estrellas. Perseo, más que ser un guerrero físico, es uno espiritual, un místico que se entrega en su fervor al Dios Altísimo. El héroe se hace uno con su padre Zeus, alcanza la iluminación y se funde con el Infinito y Eterno.

miércoles, 5 de mayo de 2010

El Dios Mono

Existen ciertas similitudes en las representaciones de cuatro pueblos con respecto a un dios particular que concuerdan en bastantes puntos, a pesar de la gran distancia que separa a unos de otros. Para estas civilizaciones, estas deidades eran señores de la inteligencia, el conocimiento y la sabiduría; todos representados por un mismo animal: el mono.

Los egipcios adoraban a Thot, el dios de la sabiduría, inventor de la palabra, la escritura y señor de la magia. Era una deidad sumamente compasiva, bondadosa, siempre mirando por el bien de todos. Se le representaba como ibis, pero otra representación frecuente era la de Thot como un mandril, animal de inteligencia muy prominente.

Los chinos tenían a Sun Wukong, también conocido en occidente como el Rey Mono, una deidad sumamente juguetona que gusta de quebrantar las reglas establecidas sólo para divertirse. De carácter inocente y curioso, el Rey Mono es señor del viento y posee un báculo que crece a voluntad, además de dominar la magia para controlar su entorno.

Quetzacóatl, además de su famosa representación como serpiente-ave, recibe el nombre de Ehécatl, señor del viento, y bajo esta manifestación, se simboliza como un mono ataviado con el penacho y las joyas de un guerrero tolteca. Es dios del viento, de la palabra, de la sabiduría y la alta magia. Un ser compasivo, abnegado y capaz de sacrificarse por la humanidad.

Para los hindúes, Hanuman era el dios mono: juguetón, burlón, curioso y absolutamente astuto. Señor de los vientos y la inteligencia. Acompañó al príncipe Rama durante su travesía para recuperar a su esposa Sita de las garras de Ravana, siendo un compañero leal hasta el final.

Como se puede observar, las diferentes deidades de las culturas egipcia, china, mesoamericana e hindú; poseen rasgos comunes característicos y muy particulares que demuestran un principio de sincronicidad entre los diferentes pueblos, mostrándonos, de alguna manera, una sola deidad manifestada en modos similares a estos pueblos.

Destacan 3 características fundamentales de estos dioses mono: Son deidades de la inteligencia, el conocimiento y la sabiduría; son señores del viento, de la palabra, la escritura y la magia; han sido acompañantes y guías fieles de la humanidad, compasivos, abnegados y totalmente entregados a la creación, ayudando a los buenos y engañando a los malos cuando se requiere.

El mono es el animal que representa la inteligencia, ya que utilizan todo lo que esté a su alcance para lograr sus propósitos. Tienen grandes capacidades de aprendizaje e imitación. Por excelencia son muy ágiles y veloces, que en sentido metafórico, significa que poseen agilidad y rapidez intelectual.

Como dioses del viento, representan la libertad, el intelecto, el espíritu, ya que el aire es invisible, inasible y casi etéreo. Son omnipresentes, pues como el aire, se meten por donde sea a donde sea. Tienen grandes capacidades espirituales e intelectuales con que ayudan a quien se pone bajo su protección y guia.

Señores de la palabra, la escritura y la magia, ya que todo lo anterior está íntegramente conectado entre sí, se reiteran como señores del espíritu, del "soplo de vida" con que fuimos imbuidos los seres humanos al ser creados. Guardianes de la vida que velan por las almas, deidades creadoras por excelencia, ya que "en el principio era el Verbo".

Así que hubo un Dios, que tomó una forma para manifestarse a los hombres, sabio, ágil y buen compañero, fue conocido como Thot por los egipcios, Sun Wukong para los chinos, Quetzalcóatl para los mesoamericanos, Hanuman para los hindúes; el Dios Mono.Justificar a ambos lados

domingo, 28 de marzo de 2010

El Hijo de Dios

A través de las épocas, los seres humanos han reconocido a seres especiales a los que han llamado "Hijos de Dios". Jesús de Nazareth es uno de los ejemplos más conocidos actualmente, sin embargo, en la antiguedad más remota se conocieron personas muy especiales que fueron nombradas con dicho título.

Actualmente varios de ellos se consideran meros mitos o leyendas, Hércules, Perseo, Horus, Mitra, Krishna, Rama, entre una multitud más fueron nombrados Hijos del Altísimo. No fue una cuestión aleatoria, sino que fueron grandes hombres que alcanzaron un desarrollo espiritual muy alto, que redescubrieron la conexión mística que todos los seres humanos tenemos con la Divinidad y por eso mismo fueron conocidos como Hijos de Dios.

Se dice que eran hijos de vírgenes fecundadas por el poder de una deidad, lo que revela la conexión mística con su espiritualidad en un sentido metafórico, más que una cuestión literal, ya que en esencia, somos luz, hijos de una Madre y un Padre que no tuvieron unión sexual. Ellos al reconocer este hecho pudieron hacer una separación entre lo terreno y lo trascendente.

Fueron grandes almas que a lo largo de sus encarnaciones fueron evolucionando más y más hasta alcanzar un grado de perfección tal, que llegaron a un equilibrio casi perfecto entre cuerpo, mente y espíritu ó si lo prefieren, entre materia, energía y virtualidad. Tomaron consciencia de que el microcosmos (nuestro organismo) es en escala igual al macrocosmos (el universo), que todos somos ramas del mismo árbol y que todos somos un sólo Ser.

Los Hijos de Dios eran personas sumamente especiales y eran capaces de realizar prodigios enormes. Gran parte de sus enseñanzas y sus trabajos son expresados el día de hoy como luchas contra fuerzas sobrenaturales, monstruos y demonios. Sin embargo, la verdadera lucha se efectuaba dentro de cada uno de ellos, y que al vencer sus debilidades y vicios, encontraron el Cielo y la Inmortalidad.

Jesús venciendo las tentaciones del diablo, Perseo degollando a Medusa, Krishna acabando con la gran serpiente de Kansa, Quetzalcóatl venciendo a Tezcatlipoca son sólo ejemplos de metáforas del ser espiritual venciendo a las fuerzas obscuras de la materia, de lo trascendente colocándose por encima de lo perecedero.

La realización de milagros es otro razgo común que nos habla de la capacidad del ser humano de transformar las cosas si tiene la plena confianza en que las logrará. Si tuviéramos la fe del tamaño de una semilla de mostaza las montañas se moverían si se los pidiéramos, los océanos se calmarían a voluntad y todo sería posible. Estás han sido las enseñanzas de los Hijos de Dios.

Sus muertes generalmente han sido violentas, destruidos por fuerzas negativas, pero que finalmente vienen a completar un ciclo elemental de la vida. Osiris desmembrado por Seth, Adonis asesinado por Ares, Orfeo destruido por las bacantes. Son sólo una muestra de que el bien siempre estará acosado por el mal y que su camino es difícil y sinuoso.

Sin embargo, la muerte no es el final, sólo es una transición, un paso más. Para ellos ha sido la liberación hacía la Totalidad, al Infinito, al que se han sumado y de lo que se ha escrito "Y Zeus le concedió la inmortalidad y el acceso al Cielo como un dios" o en su defecto "Ascendió al Cielo y está sentado a la derecha del Padre".




domingo, 14 de marzo de 2010

Dios ¿Una Diosa?

Cuando los seres humanos comenzaron a visualizar a su deidad, la primera impresión que tuvieron de Dios, fue que era en realidad Diosa. La Divinidad comenzó con imagen y figura de mujer, convirtiéndose en la madre de todos.

En la antiguedad más remota, los hombres salían a cazar y a recolectar frutos; en tanto que las mujeres se quedaban en casa para el cuidado y la instrucción de los hijos, la preparación de los alimentos. Si un hombre regresaba herido, eran las encargadas de sanarlo con sus conocimientos medicinales y eran además, el vínculo directo con las deidades.

Esto era, porque las mujeres poseían un don más allá de la comprensión de cualquier mortal: la capacidad de dar la vida. Esto, fuera de verse con superstición por ser algo aparentemente "desconocido", se veía con reverencia, ya que dar la vida es algo divino, reservado sólo a los dioses, o en este caso, diosas.

La Venus de Willendorf es la prueba más antigua de la adoración a la Diosa, aunque no la primer imagen de la Divinidad, ya que es probable que existieran figurillas con su efigie labradas en hueso o madera, pero seguramente han sido consumidas por el tiempo. La Gran Madre se manifiesta en la Tierra, la Luna y la Naturaleza en general.

Ella es la materia y la vida terrena. De su vientre virgen venimos, sólo fecundado por el poder de la lluvia, el líquido que viene del Cielo, nuestro Padre. Al morir, regresamos nuevamente a su vientre, para renacer como algo más.

La imagen de la Diosa resulta primordial para todas las religiones, ya que en balance con el Dios, complementan a la Divinidad Suprema. Como el otro lado de la misma moneda, los dioses tienen a sus contrapartes femeninas, que tienen tanto poder como ellos, o en algunos casos más. Isis es quien por medio de su magia reúne los pedazos nuevamente en Osiris y le regresa la vida; Hera compite en poder con su esposo Zeus, para probar a los mortales; Durga vence al demonio Mahisha, al que ningún dios podía vencer.

Dios como mujer es una figura relevante, que nos enseña que no son el sexo débil, sino que tienen sus propias fuerzas, tanto físicas como espirituales. El dios patrono de Atenas era por quien recibía el nombre: Atenea, diosa de la sabiduría y la estrategia, una deidad muy poderosa que podía enfrentarse sin dudarlo a Ares, señor de la guerra, o a Hefesto, el herrero de los dioses.

Pero a pesar de su gran fortaleza y sabiduría, la Gran Madre reúne otras características que la acercan más a los seres humanos: su compasión y misericordia, su afán de protección y su amor por la humanidad. Atributos que sólo una madre podría tener, ahí radica su importancia. Incluso en las religiones monoteístas podemos ver su imagen: como la Virgen María en el cristianismo, como la shekinnah o el halo de luz que cubre a los santos y profetas del judaísmo, cristianismo e Islam.

La Diosa es una figura relevante en nuestras vidas. La vemos manifestada en la Luna que nos ilumina y protege en la obscura noche; es la Tierra que nos da sus frutos para alimentarnos y que nos recoge cuando alcanzamos el eterno sueño; es el espíritu dador de vida y las mujeres que vemos día con día: nuestras madres, nuestras hermanas, esposas, novias, amigas; porque en ellas reside la divinidad, la Diosa.

miércoles, 10 de marzo de 2010

La Morte

La muerte es una de esas cosas desconocidas a la que los seres humanos sin duda tememos. Con seguridad, lo único que podemos decir de este proceso es que "es cuando el corazón deja de latir y los sistemas del cuerpo dejan de funcionar".

Pero para los distintos pueblos de la antigüedad la muerte era una fuerza, pero más que eso, era una entidad y un dios. Por lo general, no se erigían templos para la entidad, y se hacían honores a ella sólo cuando alguien fallecía. De hecho se evitaba pronunciar el nombre de la divinidad por temor a que se hiciese presente. Para los egipcios la muerte se personificaba en Anubis, la deidad con cabeza de chacal, hijo de Osiris y Neftis. Siempre lleva el Ankh, la cruz egipcia.

El simbolismo encerrado en Anubis comienza desde su imagen, el chacal era un animal de caza y compañía para los egipcios y un guía, por ello, el dios de la muerte se representaba así, con cabeza de chacal, ya que el guiaría las almas de los difuntos hasta su destino. Hijo de Osiris, dios y rey del inframundo, del eterno reino espiritual; y de Neftis, diosa de la obscuridad y lo invisible; Anubis es la conexión entre la vida material y la ultraterrena, quien lleva a los seres humanos a su destino espiritual.

El Ankh, común de todas las divinidades egipcias, es la llave a la inmortalidad, un talismán poderoso que aniquila el mal. Conformado por tres líneas que se conjuntan en un semicírculo, significan las Tres Fuerzas del Cosmos que se unen en la Infinidad, representando de esta forma a Dios.

En Grecia, la muerte estaba personificada por Thanatos, hermano de Hypnos, el sueño. Este dios era esquelético y alado, usaba una capucha negra y siempre llevaba consigo una guadaña y un reloj de arena.

Cumplía los designios de las Moiras, las hermanas del destino que decidían el nacimiento, tiempo de vida y hora de fallecimiento de los seres humanos por medio del hilo que tejían, medían y cortaban. Él era quien tocaba a la persona que estaba destinada a morir y lo llevaba hasta el inframundo, acompañado de Hermes, el mensajero de los dioses, a quien igualaba en velocidad.

Simboliza como tal la etapa en que no somos ya carne y sangre, sólo huesos. Su reloj de arena marca el tiempo de vida que se agota grano por grano. La guadaña es una herramienta de agricultura, que se utiliza para sesgar los campos y posteriormente recoger la cosecha, lo que significa que la vida es un ciclo, recogemos los frutos para sembrar nuevamente, unos mueren y otros nacen y los que fallecen sólo pasan a otro estado de la vida.

Para las religiones judeo-cristianas, la muerte está personificada en Azrael, "Quien ayuda a Dios", el mensajero de la muerte, que viene a la Tierra a tocar a la persona que esta destinada a fallecer, borrando su nombre del Gran Libro, siempre representado como un pergamino en el cuál escribe el nombre de los que nacen y elimina el de quien muere. Atiende al llamado de quien Dios reclama para sí en su momento, al caer la hoja del árbol de la vida que le corresponde. En muchas representaciones se asocia con Thanatos, al llevar la guadaña y el reloj de arena.

Para los mesoamericanos, la muerte era Mictlantecuhtli, el dios con forma de esqueleto, el señor del Mictlán, la tierra de los muertos, a quien Quetzalcóatl "pidió prestados" unos huesos para crear a la humanidad. El "favor" de alguna manera hecho quedó con la condición de que todos regresaríamos al mundo de donde provenimos y bajo esta premisa, cuando Mictlantecuhtli dicta que es el momento, una persona perece y regresa al reino espiritual.

Como podemos observar, la muerte para los antiguos era algo reverenciado y hasta temido, pero era una parte natural de la vida, una cara de la moneda de la vida, que no terminaba al exhalar el último suspiro, sino que continuaba más allá. La labor de las deidades de la muerte es preservar la vida más allá de la existencia terrena. Más que un adormecimiento, la muerte era un despertar, el amanecer al mundo espiritual que se encuentra más allá de la comprensión e imaginación humana.